Es una edad dorada. Los intrépidos exploradores del hiperespacio expanden el alcance de la República hasta las estrellas más lejanas, los mundos florecen bajo el benevolente liderazgo del Senado, y la paz reina, reforzada por la sabiduría y la fuerza de la renombrada orden de usuarios de la Fuerza conocidos como los Jedi. Con los Jedi en su punto álgido, los ciudadanos libres de la galaxia confían en su habilidad para capear cualquier tormenta. Pero incluso la luz más brillante deja una sombra, y algunas tormentas desafían cualquier preparación.

Cuando una terrible catástrofe en el hiperespacio destroza una nave, los pedazos que emergen del desastre amenazan a un sistema entero. Enseguida los Jedi acuden a la escena. La magnitud de la emergencia, no obstante, es lo suficientemente grande como llevar a los Jedi a su límite. Mientras el cielo se abre y la destrucción cae sobre la pacífica alianza que ellos han ayudado a crear, los Jedi deberán confiar en la Fuerza para guiarles durante un día en que un simple error puede costar miles de millones de vidas.

Aun mientras los Jedi luchan valientemente contra la adversidad, algo verdaderamente mortal crece más allá de la frontera de la República. El desastre hiperespacial es mucho más siniestro de lo que los Jedi podrían sospechar. Una amenaza se esconde en la oscuridad, lejos de la luz de la era, y guarda un secreto que podría aterrorizar incluso el corazón de un Jedi.

Todo está bien.

La capitana Hedda Casset revisó las lecturas y pantallas de su silla de mando por segunda vez. Siempre lo hace al menos dos veces. Ella tenía a sus espaldas más de cuatro décadas de experiencia de vuelo, y se había dado cuenta de que esa doble comprobación había sido la razón por la que había sobrevivido. El segundo vistazo le confirmó lo que vio en el primero.

«Todo está bien».

Así comienza la nueva etapa del universo Star Wars bajo Disney: La Alta República. Más de une versado en Leyendas (a mí me pasó) pensará que esto reescribe la Antigua República de juegos como The Old Republic y Knights of the Old Republic, pero no. Esta nueva etapa se sitúa algo más de doscientos años antes de La amenaza fantasma en una época en la que la República gobierna con justicia en tiempos de paz y busca llevar su luz hasta las zonas más alejadas de la galaxia. Liderada por la benevolente Canciller Lina Soh, la República busca crear balizas y puntos de avanzada por las zonas más alejadas de la República a fin de integrarlas en esta. Así, entre muchas de sus Grandes Obras, se encuentra la Baliza Luz Estelar, una estación espacial que no sólo servirá de Templo Jedi, sino también de estación médica, escuela y de antena que amplificará las comunicaciones con el Borde Exterior.

Por su parte los Jedi no son guerreros y rara vez encienden sus espadas (salvo para usarlas de linterna, algo que siempre me ha hecho gracia). Aquí son la esperanza de la República en misiones humanitarias. No hay Hutts con sus sindicatos criminales entorpeciendo las labores de la Canciller y los mandalorianos están tranquilitos. Tampoco hay Sith a la vista tras ser derrotados décadas o siglos atrás.

El Gran Desastre

Pero no todo iba a ser tan bonito. En medio de esta paz, un grupo de saqueadores que responden al nombre de Nihil no están muy contentos con que la República meta las narices en su Borde Exterior. Cuando una nave, la Legacy’s Run, se desintegra en el hiperespacio tras chocar con algo sin identificar y sus pedazos reaparecen en el sistema Hetzal, los Nihil ven una oportunidad en esa desgracia.

Durante esta primera parte de la novela, veremos cómo la República y los Jedi aparecen en Hetzal para tratar de salvar no solo a su gente, sino también al sistema entero. En esta parte conoceremos a todos los personajes que nos acompañarán no solo en esta novela, sino en las demás que la siguen como Into the dark de Claudia Gray y el cómic High Republic que son «secuelas» a la novela ya que suceden después de esta y retoma personajes como Avar Kriss o Reath Silas (al que solo se menciona).

El Gran Desastre será la primera gran prueba de fuego para el gobierno de Lina Soh y sus planes para la galaxia.

Estos no son los Jedi que conocemos

Quizá de lo más llamativo que encontramos en la novela sea lo distintos que son los Jedi en la Alta República. Sí, siguen sin poder tener «apegos», no esperaba que eso cambiase. Pero sí que comprenden emociones como el miedo de forma muy diferente a lo que reflejaban en las precuelas y la trilogía original. De hecho, durante la Crisis de Hetzal hay un Padawan que tiene miedo de tomar un rol de líder en una misión tan importante y en lugar de regañarle, los Jedi que hay con él tratan de calmar ese miedo y no le fuerzan a ponerse en una situación que no le resulta cómoda.

Algo similar veremos en la forma en que el Maestro Greatstorm enseña a su Padawan Bell Zettifar. Literalmente que lo tira de un acantilado en plan «frena la caída o hazte pulpa». Esto es algo que seguramente en los siglos posteriores sería visto como algo horrible. Durante esta época cada Jedi tiene su propia forma de experimentar la Fuerza y la narración de Charles Soule pone muchísimo énfasis en ello. Por ejemplo, Avar Kriss la percibe como una canción donde cada ser vivo es una nota en una partitura, el Padawan Wookie Burryaga la siente como gritos (supongo que por cómo se expresa su especie) que varían de intensidad en función de las emociones; otros ven la Fuerza como un océano o una tormenta.

Aunque no por ello la Orden deja de ser conservadora con cómo se usa la Fuerza. Esto se ve en el Caballero Jedi Elzar Mann cuya extraña manera de entenderla le ha apartado del rango de Maestro por ser «poco ortodoxo».

Los Nihil

Este grupo de saqueadores, o al menos así los cataloga la República, resulta ser una suerte de sociedad militarizada organizada en estratos. Pero lo que les diferencia de otras bandas de saqueadores, es su líder: Marchion Ro. Este misterioso hombre trae consigo extrañas rutas no registradas que permite a los Nihil aparecer y desaparecer en cualquier parte de la galaxia sin ser detectados y sin que puedan cortar su huida.

Aunque a primera vista no parece que un puñado de saqueadores puedan ser una amenaza para los Jedi, a medida que vamos conociendo a Marchion Ro y a los Nihil, vamos comprendiendo que esto es mucho más profundo de lo que parece. Mientras leía la novela quería saber más y más de Marchion, pero esta novela sólo nos da preguntas y pocas respuestas sobre él. Su siguiente aparición es en el cómic High Republic adventures que ocurre después del final de la novela, así que igual aquí descubramos algo más.

La originalidad

Hay algo que el cómic Darth Vader: Lord Oscuro nos presentó en su segundo arco argumental: las armas Jedi de la Alta República, en concreto un rifle. Estas armas necesitan que el usuario inserte un sable láser para ser operados y… es lo mismo que ocurre con los cazas Vector que usan los Jedi durante la novela. Estas naves no pueden usar su armamento hasta que no se inserta un sable de luz pues estas usarán el poder de los cristales kyber para disparar.

El mejor inicio posible para la Alta República

Y sin duda lo es. Luz de los Jedi es lo que necesita ser, ni más ni menos, pero esto solo es algo positivo pues evita enredarse demasiado en lo que vendrá. La novela termina sentando las bases de lo que vendrá y con suficientes preguntas para tenernos pendientes del futuro. Charles Soule junto a Claudia Gray es uno de mis autores favoritos del canon y en esta novela vuelve a demostrármelo.

Es casi seguro que hasta que no salga la secuela directa de esta novela, Quest of the Jedi, no tendremos las respuestas a esas preguntas, pero eso no quita que no se vaya a explorar la Alta República, sus amenazas o seguir conociendo a los Nihil. Supongo que sucederá como con la mayoría de los cómics y novelas del canon: sólo son relevantes si te interesan esas historias. Yo, por mi parte, os seguiré hablando de las obras de esta etapa y veremos qué nos deparan.

Es una novela muy entretenida y totalmente indispensable si eres fan de Star Wars ya que es una historia totalmente nueva y que se puede leer sin estar al tanto del canon posterior (cronológicamente hablando).