Los que me conocen personalmente saben que llevo escribiendo desde mucho antes de que abriera este blog allá por el turbio diciembre de 2010. Aunque no entraré en detalle sobre esto, además de lo que os contaré también pretendo hincarle el diente a la ciencia ficción y a la policíaca y, para rizar más el rizo, hacer que ambos géneros compartan mundo con mis novelas de fantasía. ¿Cómo? De forma lo suficientemente alocada como para que salga mal, pero que como es top secret, no puedo contaros. Lástima.

Bueno, empecemos a hablar de mí un poco mucho. Como con todas las historias, conviene empezar desde el principio:

Nací en un árbol en… Igual mejor rebobino un poco. A diferencia de la mayoría de compañeros escritores que conozco, yo no toqué la prosa hasta los dieciséis o así. ¿Qué escribía hasta entonces? Poesía. Mi poesía solía ser bastante oscura en su mayoría. ¡Qué sorpresa!, diréis con un sarcasmo nada sutil. ¿Qué esperabais llamándome Cuervo Fúnebre? ¿Cantos a la vida y la naturaleza? Alguna hay, no todo fue muerte y destrucción, pero poquitas. Al principio escribía pequeñas poesías malísimas que no había por dónde cogerlas y no fue hasta 2008 que empecé a notar que igual esto no se me daba tan mal. En ese año comencé a recopilar toda la poesía que iba haciendo y para cuando llegó 2012, ya tenía 37 y había ganado dos certámenes de poesía (de nivel instituto, no sé el valor real de eso). Decidí juntarlos en un poemario que titulé Alma a mano y no volví a tocar la poesía, no al menos de la forma en que lo solía hacer. Imagino que igual tenéis algo de curiosidad por saber qué escribía, así que… «Tristeza», escrita en el también turbio 2011. He escogido esta refleja cómo me sentía conmigo mismo por aquella época y con respecto a mi entorno:

Incesante océano
De ineludible dolor.
Jardines de ébano
De inefable temor.
 
Cementerio del recuerdo,
Vertedero de la memoria.
Tiempo pasado cuando fui cuerdo,
Pantano de perdida euforia.
 
Ancho abismo
Por el que me precipito
Desde que no soy el mismo
Oyendo de mi alma el crepito.
 
De esta pesadilla quiero despertar,
abrir los ojos al mañana
y la felicidad algún día poder divisar
Lejos de esta infernal telaraña.

Por dar una perspectiva diferente, quiero compartir con vosotros mi última poesía, «El vals del fuego», con la que gané uno de esos certámenes poéticos de baratillo. Esta es mucho más luminosa que la anterior, porque 2012 fue un año notablemente mejor. Todo lo malo que pasé desde… casi desde que vine a Madrid, con sus momentos de paz, eso sí, comenzaron a desvanecerse dejando esto:

 
Bajo esta luna prístina
En este paraje recóndito,
Donde toda pena es ínfima,
Mi vida medito
Mecido entre terciopelo y algodón.
Extraigo todo recuerdo
Que guardé en mi estepario corazón
Con el frágil anhelo
De encontrar un  retazo
de lo que era,
Saber cómo de bajo he llegado,
Liberar mi alma prisionera.
 
No te escondas bella dama,
Concédeme este vals
Que nos alumbre nuestra llama,
Bailemos, evitemos todo mal.
Bailando se está mejor ¿verdad?
Jamás pierdas la esperanza,
Siempre has de recordar
Que a tu favor se inclina la balanza,
Que las estrellas por la noche saldrán
Para poder ver tu sonrisa
Que bailando los males se irán
Recuerda que tuya es mi vida.
 
Ten esperanza en que no estarás sola,
Podrás sentirte abandonada,
  Que el tedio el alma te roba
Mas estoy contigo, no te harán nada.
Siempre he estado a tu lado,
Sigamos bajo esta lluvia bailando
Que el agua disfrace nuestro llanto
Siempre habrá esperanza cuando
Bailar este vals podamos,
Cuando volamos al cielo,
Donde juntos al unísono gritamos 
¡Bailemos el vals del fuego!

Esta experiencia dejó cierto poso en mi escritura con construcciones poéticas en algunas descripciones, un elevado uso de las metáforas y bastante pesimismo. Me gustan los entornos oscuros, que no nocturnos, Nolan.

Cuando la poesía no fue suficiente, me pasé a hacer una suerte de pequeños relatos que con el tiempo se convirtieron más en prosa que en lírica. Los bauticé como Prosas líricas y fueron mi principal desahogo en el blog desde 2010 hasta 2013 o así, donde me lancé a los relatos. A la vez, comencé mi primera novela bajo el título provisional de Camino de perdición que cambió varias veces de nombre hasta regresar al original.
La gran mayoría de las Prosas líricas fueron eliminadas del blog por este cuervo, pero las conservo en un USB y en papel como si fueran cicatrices de guerra. Como antes, un ejemplo. Esta se llama «Lágrimas» y pertenece también a la cosecha de 2011, como veis no fue un año fácil:

Lágrimas caen mojando mi ánima,
inundando de sueños rotos todo cuánto una vez quise.

Soy frágil cristal de fuego que en la noche se deshace
muriendo en la penumbra de tu sollozo.
Me oprimen los íncubos de mis entrañas que antaño nacieron donde debieron morir.
Soy el Midas inverso, todo cuando toco convierto en lodo…

Más allá de permitirme no volverme loco, no es que aprendiese mucho de ellas, sí a perder ese miedo a que otros leyeran lo que escribo, pero poco más.

Ha llegado el momento, hablemos de Camino de perdición, esa novela de la que siempre me quejo y que a este paso se va a convertir en un Mcguffin.
Comencé esta novela a los dieciséis. La detuve en el quinto capítulo al ver que era mala y decidí aparcarla un tiempo y empaparme de literatura de género fantástico de varios autores, casi todos hombres porque ya sabemos que las mujeres no escriben. ¡La Nave Invisible! ¿Quién ha gritado eso?
La retomé a los diecinueve, aunque ya le había dado mordisquitos antes, pero seguía sin terminar de convencerme. Sentía que le faltaba algo, que era más de lo mismo. 

No fue hasta hace dos días, como quien dice, que comencé a «meterme» en temas feministas y darme cuenta de miles de cosas que hacía MAL. Me dio bastante vergüenza por cometer esa clase de crímenes, así que decidí profundizar y seguir quitándome la venda del sesgo patriarcal que me había sido impuesto. A día de hoy estoy enormemente agradecido por poder apreciar la literatura, el cine e incluso conversaciones desde un prisma más limpio. Soy consciente de que, aunque no sea consciente de ello, seguiré cometiendo pecados de este tipo, pero al menos sé que serán muchos menos.

Sermón aparte, decidí reescribirla (una vez haberla acabado, algo que pasó en 2015) y en esta reescritura haría un mundo en el que nunca había existido el machismo y mucho menos un sistema patriarcal. ¡Maldita hora en la que decidí hacerlo! Lo que supuse que sería algo relativamente sencillo, se convirtió en una prueba de resistencia porque las cosas más visibles son fáciles de cambiar, pero los pequeños detalles… Desde la ropa a las expresiones del tipo «hijo de perra, pasando por dichos populares, adjetivos… Es un mundo enorme, pero creo que merece la pena hacer ese esfuerzo de crear un mundo distinto. No quería cambiar un patriarcado por un matriarcado, ni diluir el machismo. Eso ya lo he visto y no me valía. Necesitaba hacer algo diferente y con lo perfeccionista que soy tenía que pensar hasta en los detalles más pequeños.
Los factores que llevaron a nuestra sociedad a ese sistema patriarcal no se puede explicar con «es que medievo», sino que es un conjunto de causas que se arrastra y se va heredando y que no surge de pronto en la Edad Media. Ahora, ¿y su mi mundo tuviera un contexto que impidiera este desarrollo no llevando a un sociedad patriarcal?

Por esto, queridos lectores, me quejo y estoy estancado. Voy lento porque no quiero meter la pata, quiero hacerlo bien y es un tema lo suficientemente importante como para dedicarle los años que haga falta. 

Cubierta casera, ojo.

Ay, La vigilia del dragón, esta novela la estamos escribiendo Mai Hyde y yo en un blog homónimo (ahora en modo privado por reformas). Es una experiencia completamente nueva ya que, para sorpresa de algunos lectores, no sabemos qué va a hacer el otro en su capítulo. Yo escribo los capítulos impares y ella los pares, pero nos marcamos aspectos inamovibles como no matar a X personaje o no mutilar a Y, pero el resto es secreto.
Esto hace la experiencia mucho más dinámica ya que no perdemos la sensación de maravillarnos con lo que el otro escribe. No saber hacia dónde va la historia, pero al mismo tiempo saber que va a buen puerto es una sensación difícil de explicar.

Escribir con otra persona no es algo fácil, pues necesitas conocer bien al otro y saber cuál es su estilo. Si no conociera a Mai no le habría propuesto escribir esta novela juntos, pero conectamos muy bien y de momento va gustando bastante.
Aquí, a diferencia de Camino de perdición tenemos un machismo diluido en el que las mujeres pueden acceder a prácticamente cualquier cargo sin ser cuestionadas por ello. Pero sí hay un poso de «superioridad masculina» por algunos personajes y, como tenemos hoy día, las expresiones que todos (o casi todos) usamos que huelen a esto a la que uno se para a analizarlas.

Por últimos tenemos mis relatos e historias cortas, que me sirven para explorar otros géneros y otros tipos de narrativas. Son una herramienta maravillosa para comenzar en un género que no es el tuyo o al que no estás acostumbrado.
Al escribir Tesoro líquido vi que igual sí que puedo hacer una novela de ciencia ficción mejor de lo que en determinado momento había pensado. Y con la mini-serie Vivir es sufrir he podido comprobar que soy capaz de explorar la psicología de un personaje a través de su rutina diaria sin que ella diga nada realmente. 

¿Qué he aprendido de mi experiencia como escritor? A ser valiente y atreverme a probar cosas que creía no ser capaz de hacer. Ese miedo a hacerlo mal es lo que nos impide avanzar. Hacerlo mal es el primer paso para hacerlo bien, es tan simple como cierto. Nadie comienza corriendo, cada paso cuenta y cada adversidad debería de hacernos querer más porque nos muestran debilidades y nuestros puntos fuertes.