Tiene su gracia que en el momento en que escribo esta entrada, en España estemos en elecciones buscando, precisamente, un presidente del Gobierno.
Hagamos un pequeño repaso con lo que llevamos hasta ahora en el blog. Ya tenemos nuestro sistema mágico, el mapa y la religión, ¿qué nos falta? Mucho, pero vosotros habéis elegido ir a por un gobernante, o varios. A todo esto, la señorita Mairon-san nos habló sobre este tema en su fantástico blog. Ahora sí, vamos allá:
Monarquía:
Es un sistema de gobierno en el que el poder ejecutivo es personal, vitalicio y hereditario. El poder es inherente a la persona y, aunque pueda o no ser un sistema democrático, no es un cargo elegible por el grueso de los ciudadanos. Dentro de esta encontramos diferentes tipos de monarquía:
M. autoritaria: Aquí el monarca posee plenos poderes para hacer y deshacer, pero siempre bajo un marco legal. El monarca concentra los poderes ejecutivo, judicial y legislativo.
M. constitucional: Aquí el monarca tiene el poder limitado por otro órgano de gobierno que en España conocemos como Parlamento, pero que en vuestra obra puede poseer otro nombre. El Parlamento se rige por la Constitución del reino en cuestión. Este tipo de gobierno es más garante de derechos que una monarquía autoritaria.
M. híbrida: En este caso el monarca ostenta mayor poder que en la constitucional, pero sin llegar al que poseería en una autoritaria. Podemos entenderlo como que el monarca hace y deshace, pero a pesar de ostentar poderes, debe responder ante un órgano de control que no limita, sino que regula sus acciones.
República:
En una república, el gobernante es elegido por los ciudadanos de forma directa, o por los parlamentarios (votados por los ciudadanos, es decir, de forma indirecta). Algunos de los fundamentos de la República son la participación política activa de los ciudadanos, la división de poderes y la concreción de la justicia.
También encontramos la República federal. En esta clase, los estados miembros de la República poseen cierta autonomía para gestionar sus asuntos internos, pero estando supeditados a una Constitución que limita esa libertad sentando un marco común para todos los estados.
Cámara del Senado en ‘Star Wars’
Este sistema es común en las grandes federaciones planetarias de la space opera, pues cada planeta posee unas peculiaridades que sólo pueden ser tratadas a través de un marco de Gobierno más flexible. Aunque no hay que irse tan lejos para encontrarlo en nuestro mismo planeta como en Estados Unidos o Alemania.
Dictadura:
Es un gobierno que prescinde de la legislación y de cualquier ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad de un país sin ninguna oposición.
Aunque es habitual que accedan al poder mediante un Golpe de Estado, también pueden hacerlo a través de la vía democrática para después controlar el Estado. En cualquier caso, podemos encontrar:
D. militares: son aquellas en las que el dictador es sostenido mediante el poder militar que lo respalda. En este caso, la fuerza militar se encarga de reprimir la disidencia.
D. constitucionales: son aquellas que respetan aparentemente la Constitución vigente (de haberla), pero que en la práctica la desoye.
Huelga decir que es un sistema totalitario que se presta habitualmente a un ideario que corta por el mismo patrón a la sociedad. Puede ser imponiendo o limitando las opciones de la población a fin de moldearla a su parecer. Pero también puede ser que consiga mantener un gobierno estable y que esa concentración de poder no se use para fines egoístas.
Un ejemplo de este sistema lo encontramos en el manga Fullmetal alchemist de la mangaka Hiromu Arakawa. Aquí encontramos que Amestris está gobernado por una dictadura militar con el Führer Bradley a la cabeza. Su población goza de derechos y libertades garantizadas.
Tiranía:
Es, a grandes rasgos, una dictadura o una monarquía, es decir, un sistema en el que el poder es ostentado por una sola figura. A diferencia de estos, la tiranía es abusiva per se. El gobernante que ostenta el poder lo usa para su propio beneficio y suele valerse del populismo y la demagogia para alcanzar sus metas sin provocar un levantamiento.
Vivimos en el auge de la distopía adolescente donde el 100% de las veces encontramos un gobierno tiránico. Pero esto no es nuevo de ahora, por supuesto, hace muchos años que tenemos el género distópico en el que encontramos obras como 1984 de George Orwell o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.
Anarquía:

Es un sistema político que prescinde del concepto de Estado y cuyas instituciones son formadas mediante acuerdo voluntario de sus miembros para que les provean de todo lo necesario como comunidad.

Tenemos algunos ejemplos como la Irlanda celta. Esta se organizaba en clanes unidos de forma voluntaria para alcanzar fines comunes y cuyo territorio resultaba de la suma de los territorios individuales de los miembros.

Gerontocracia:

Es un tipo de gobierno oligárquico en el cuál el poder reside un pequeño grupo de líderes que ejercen el control. Este grupo está constituido por las personas de mayor edad de los miembros del Estado.
En la ficción se suele emplear en las tribus, pues suelen estar gobernadas o bien por un consejo anciano, o bien una única persona anciana.

Tecnocracia:
Muy gráfico.

Consiste en un gobierno conformado por «técnicos» que emplean el método científico para la resolución de los problemas sociales evitando así el sesgo ideológico. Por tanto, es un sistema constituido por miembros ajenos a la política que se especializan en ramas concretas y ejercen su papel en ellas.

Teocracia:

Es el sistema de gobierno que no posee división de poderes entre la autoridad política y la religiosa, de forma que su legislación está supeditada a la legislación interna de la religión que gobierna.

Bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano

Un ejemplo de esto es el Estado de la Ciudad del Vaticano en Roma. Se considera un país soberano y su jefe de Estado es el cabeza de la Iglesia Católica.

Partiendo de esta base podemos encontrar matices y variaciones como una dictadura que favorezca al pueblo o una federación podrida que es, en realidad, una tiranía. En tu obra tú pones los matices.