Siriel es une agente de la Orden encargade de mantener el equilibrio entre los distintos planos, cerrando brechas y combatiendo demonios de todo tipo. La misión que tiene que llevar a cabo parece rutinaria… hasta que se topa con la llamada Señora de los Demonios y esta divide su cerebro en dos.

Atrapade en ese estado, Siriel deberá hacer frente a sus propios demonios con un enorme problema entre manos: ya no tiene el control de su magia.

Siriel era una mole de carne negruzca en forma de armadura. La piel que recubría su coraza parecía anticiparse a lo que esperaba. Los tentáculos que nacían de su nuca estaban tensos, a punto de restallar, rodeándole el cuerpo como costillas retorcidas. Dentro de la coraza endemoniada, Siriel estiraba el cuello y las muñecas mientras calentaba los tobillos. Sentía los hombros rígidos, y le empezaba a crecer dentro del estómago ese nerviosismo que le recorría la segunda piel.

La sinopsis de la novela de Guille lo dice prácticamente todo sobre la trama. Le protagonista, Siriel, es une agente cuyo trabajo es proteger a los diferentes planos en que se divide el mundo de las eventuales incursiones demoníacas, usando sus propios demonios como quién usa armas o armaduras. Durante una de estas misiones se enfrenta a una conjuradora que «le parte el cerebro en dos», es decir, a efectos prácticos es como tener dos personalidades en un mismo cuerpo.

Esta premisa es la que inicia el primer y gran motor de la novela: encontrar la forma de recuperar su cuerpo y cómo esto termina en una espiral fuera de control.

Un mundo a medio gas

Según te adentras en la novela y en su mundo, te vas dando cuenta de que tiene unas ideas cuanto menos interesantes, pero que a la hora de la verdad se quedan en poco más que detalles aquí y allá. No entorpecen ni distraen, pero al no estar nada atado a nada (al menos explícitamente), no sabes nunca qué esperarte.

De vez en cuando vemos que parece haber más trasfondo en los mundos que plantea, pero al final todo termina siendo poco más que la dualidad «humano-mágico», o demoníaco en este caso. Pasamos la mayor parte de la novela o bien en la Ciudad Maldita, una «ciudad demoníaca» donde estos son usados para todo tipo de cosas como muebles, por ejemplo; pero el resto del tiempo lo pasamos en un plano mucho más mundano y conocido para nosotros donde las reglas del mundo operan «de forma parecida» al nuestro.

Y es aquí, en esa, quizá, falta de profundización en su mundo donde más cojea El demonio en el interior de Siriel. No creo que necesite un lore pormenorizado y sobreexplicado de su mundo, pero sí que queda un poco en el aire gran parte de este y pide al lector que asuma casi siempre que las cosas son de determinada manera, sin dedicar tiempo a introducirlas o hacerlas sentir orgánicas. Esto se ve en el uso de los demonios por parte de Siriel, ya que en ningún momento sé qué puede o no hacer con ellos o qué reglas sigue con estos. ¿Hay pactos? ¿Hay un límite? Estoy seguro de que le autore ha pensado en ello, pero esto, que parece banal a simple vista, me hacía desconectarme un poco del funcionamiento de su mundo.

Las personas no binarias existimos, gracias

Al igual que Guille, soy una persona no binaria y esta obra apela a mí de una forma muy íntima, no tanto por Siriel, que creo que representa una parte del colectivo que no me identifica, pero sí con Nuri. ¿A qué me refiero? Tanto Siriel como Nuri son personas no binarias, pero mientras que le primere tiene un aspecto andrógine (que vemos constantemente representado en cómo tal o cual piensa que es hombre o mujer), Nuri padece, como yo, el dañino cispassing o, lo que es lo mismo, la gente a su alrededor da por hecho que no es una persona trans porque su aspecto se sale de lo que la sociedad espera de las personas trans y, por tanto, le niega su identidad.

De la misma manera, a través de una conversación entre ambes personajes (páginas 118-120), vemos ambas experiencias enfrentadas. Mientras que Siri ha «salido del armario» con su entorno, Nuri se guarda su identidad de género para la gente cercana a ella como Siriel, en parte por miedo a las consecuencias laborales y sociales. Parte de esta conversación (y mi postura sobre ello) se resumen en esta frase de Nuri:

Da igual cómo me vea, yo soy yo, y a mí me gusta mi cuerpo tal y como es. Tengo la suerte de sentir que mi cuerpo encaja con la idea de mí, de lo que soy. Y no soy menos no binarie por mostrarme de una forma u otra. Aunque sí que me gustaría que la gente me viese y no pensase automáticamente «es una mujer», pero es el resto del mundo el que tiene que metérselo en la cabeza, no yo.

Y por pasajes así, es importante que las personas que pertenecen a un colectivo cuenten sus propias historias ya que no hay una visión única sobre nosotres.

Conclusión

Es una novela demasiado larga para su bien. Puedo entender que necesita mucha extensión para contar su historia, pero durante la lectura sentía que casi un tercio de su extensión podía haberse condensado. Tiene partes muy entretenidas, pero también otras que se hacen pesadas de leer. Esto, en parte, sucede por el propio estilo de Guille, ya que apenas usa descripciones y no engalana prácticamente las escenas, de forma que El demonio en el interior de Siriel no fluye como debería. En los escasos momentos en que se detiene a describir, sorprende ver que Guille es capaz de sacarse la manga auténticas perlas, pero un mundo tan diferente al nuestro resulta insípido si no somos capaces de «verlo».

Sus personajes, por el contrario, creo que son bastante entrañables y curiosos para el poco tiempo que pasamos con ellos. Destacando le ya mencionade Nuri, pero pasando también por Liyah, que creo que le podría sacar más jugo a su condición especial.

El demonio en el interior de Siriel es la primera obra extensa de Guille, que también tiene publicadas Poetisa, Torres de vinilo y neón y Testosterona en Lektu, y esto se nota en el ya mencionado desequilibrio que sufre. Al final, como todo, es cuestión de continuar puliendo su estilo.

El demonio en el interior de Siriel me ha gustado bastante, a pesar de que pueda parecer lo contrario. La historia que cuenta me ha resultado muy interesante y en momentos ha llegado a sorprenderme y volver a captar mi interés. A veces se le ven las costuras, pero es, a todas luces, una novela de fantasía que sabe lo que quiere contar y tiene éxito en ello.