El pasado febrero en el club de lectura LGBT+ de la librería La Sombra, un lugar que me encanta y recomiendo, leyeron Vidas trans y no pude asistir, pero lo he podido leer los últimos días en mis viajes en metro al trabajo (y a casa). Y es que no sólo es una lectura amena, también se puede leer en un viaje en tren o bus. En mi caso iba leyendo un apartado en cada viaje y no es que pase mucho tiempo en el tren.

Vidas trans es un compendio de diferentes testimonios de personalidades trans más o menos conocidas. En mi caso ya conocía a tres de les autores: Alana Portero por sus artículos en Agente Provocador, a Darío Gael Blanco por Twitter y a Cassandra Vera por su caso mediático en la Audiencia Nacional. A les otres tres no les conocía, pero ha sido un placer.

Cada testimonio, o relato en el caso del de Atenea Bioque, trata distintos aspectos de sus vidas y experiencias como pueda ser la familia y la pareja, la religión, el trabajo o el sistema sanitario. Son relatos muy personales, pero también permiten llevar al gran público unas problemáticas que si no estás algo concienciade bien puedes no saber ni por asomo.

El primer testimonio corre a cargo de Alana Portero y trata del trabajo. En él nos habla cuando trabajaba en una librería y solía tratar con editoriales para hacer encargos y compras. Nos cuenta cómo cambió el trato de algunos comerciales en cuanto «salió del armario». Alana nos relata esa transfobia que nadie admite tener hasta que sale a la luz, de gente que ayer eran cordiales y hoy son hostiles contigo por ser quién eres y salirte de «lo normativo», de lo cisheteropatriarcal.

Hacia el final de su relato, Alana nos provee de datos sobre desempleo y discriminación, así como medidas urgentes que se deberían tomar para que esto cambie, pasando por la visibilización de las personas trans como eso, PERSONAS.

El segundo testimonio nos lo trae Arnau Macías y trata sobre el sistema educativo. Esta época que para muches es el instituto y el bachillerato/FP en su mayor medida. Arnau nos habla de esa época donde comienzas a forjarte como ente independiente de tus padres y comienzas a aprender cómo eres. Bien, Arnau nos cuenta cómo fue su experiencia en esa época en un colegio católico para más inri. Antes de la pubertad todes les niñes son iguales y, si sus padres no lo impiden, pueden vestir y hacer lo que quieran, pero es la llegada de la pubertad lo que hace que la cárcel que son los estereotipos de géneros y las expectaciones de la sociedad cercenen esa libertad. Las chicas son chicas y tienen estas normas y los chicos lo mismo. Arnau nos cuenta que de pronto estás atrapade con un cuerpo y un nombre que puedes no sentir tuyo, que no te representa, pero luchar contra ello es un maratón que deja mucha gente por el camino. La depresión es una parada más para muches en esta carrera de fondo, así como la resignación.

El tercer testimonio es de Cassandra Vera y trata de las redes sociales y los medios de comunicación. Para quienes no lo sepan, hace unos años Cassandra fue acusada de enaltecimiento del terrorismo por unos tuits sobre Carrero Blanco. Normalmente este tipo de acusaciones se ven con indignación y algún comentario facha enloquecido como en el caso de César Strawberry acudado del mismo cargo. En una persona trans esto cobra mayores dimensiones porque de pronto tanto los medios como las redes se llenan de transfobia con comentarios, insultos e incluso revelando su deadname y usándolo como arma arrojadiza contra ella por cuatro chistes de mierda que no ofenden a nadie más que a una caterva de fachas.

Entre todo esta transfobia, Cassandra cuenta que también tuvo mucho apoyo y que si está escribiendo esas líneas es gracias a que algo ha ido cambiando poco a poco entre todos.

El siguiente trata de la familia y la pareja de manos de Darío Gael Blanco, uno de los «pilares básicos» de nuestra sociedad. En este capítulo Darío nos habla de la fetichización y la transfobia que sufren constantemente las personas trans en sus relaciones interpersonales a más íntimas son y cómo, al final, la familia termina siendo aquella que eliges y construyes a tu alrededor no siendo siempre esa que te es otorgada al nacer. Es un pasaje duro y quizá más visceral que alguno de los anteriores, pero es otra dimensión importante que suele quedar relegada, más si cabe, al olvido.

Si no tenéis la última edición de Vidas trans el relato de Atenea Bioque sobre el sistema sanitario será vuestra última parada en este viaje. Aquí Atenea en lugar de constarnos su testimonio, recurre a un relato de «semi-ficción» en el que una mujer trans llamada Azucena da una charla sobre el sistema sanitario. Tenemos por una parte lo que supone para nuestra protagonista dar esa charla y los miedos que afloran en ella; por otro lado, la charla en si misma que se resumen en una exposición de datos sobre hormonación y todas las trabas que tienen que afrontar, cirugía genital y las terribles UTIG (Unidades de Trastorno e Identidad de Género) que pueden crear más problemas que soluciones para las personas trans. De todos, este es sin duda el que tiene el corte más «académico» pues deja las vivencias personales a un lado para hablar de una problemática general uniforme para todas las personas trans (no quiero que suene que desmerezco los demás testimonio, nada más lejos).

A partir de la 2º edición, o bajo petición a Antipersona, podemos contar con el capítulo de Qamar B. Al-Khansa donde aporta su punto de vista como persona racializada. Sus vivencias pueden ser muy parecidas a las de sus compañeres de antología, pero en su caso se mezcla a la transfobia el racismo y la xenofobia que aflora todos los días por cada poro de nuestro país. Aquí Qamar nos cuenta cómo se dio cuenta de su identidad sexual y de género y lo que le supuso todo ese proceso.

Vidas trans cierra con un glosario pequeñito que acerca al público la terminología propia de la conversación sobre «lo trans», tales como disforia o deadname. Aunque no lo haya mencionado, comienza con un prólogo que relata lo ocurrido en los disturbios de Stonewall que supuso un antes y un después para las personas LGBT+ en el mundo y que, aunque se silencie o se reescriba intencionalmente, fue la mano de Marsha y Sylvia, entre otras, las personas que dijeron «hasta aquí».

Vidas trans es una antología que sirve como un punto de partida magnífico si quieres adentrarte en la problemática trans en un mundo transfobo, pero que repelerá a cualquiera que no tenga interés en ello. Por esto, es un libro muy necesario, pero también específico, es un manifiesto de que las personas que no somos cis no estamos solas y que hay luz al final del túnel oscuro que podemos llegar a caminar. Con todo, es una lectura muy muy amena que puedes devorar en una tarde y repetir la siguiente si te has quedado con hambre.