Autor: Samuel Vargas Martínez.
Cubierta: Lehanan Aida.
Saga: Leyendas y elementos.
Idioma: Castellano.
Nº de páginas: alrededor de 300.
Precio: Gratis (digital).
Género: Fantasía.

Al noroeste, en una de las costas más peligrosas de todo el continente, se encontraba la ciudad de Flergen. Construida en el fragmento de un asteroide caído milenios atrás, daba cobijo a una de las mayores poblaciones de la región. O al menos lo hacía, hasta aquel día. Aquel día… todo cambió.
 
Las llamas aparecieron de la nada. Fugaces, azules, inconmensurables. Nada pudieron hacer por apagarlas. Eran unas llamas eternas.
 
La penúltima ciudad que se resistía a alejarse de los mares había desaparecido. Ahora, solo quedaba una.
 
Al descubrir cómo los restos de Flergen se consumían, Hans decidió regresar a Thalassia. Podía sentir todo lo que se avecinaba. Podía intuir las acusaciones infundadas. Si Erik no regresaba pronto o no daba señales de vida, la Academia y todo su pueblo estarían en graves problemas.
 

Y así fue. Al menos durante un oscuro y largo año. Al menos hasta que lo oculto en las profundidades de aquellos innavegables mares regresó a la superficie y recordó a los continentales cuáles eran sus verdaderos miedos.

Miró al horizonte y suspiró. Anochecía.
Hans llevaba varias semanas con su búsqueda agotada, aunque se negaba a asumirlo del todo. Para nada había sido un viaje en vano, pero seguía sin encontrar lo que en el fondo había salido a buscar: algo concluyente sobre Erik.
Su periplo había comenzado dos años atrás, en la ciudad de Flergen.
 —Ya ha pasado tanto tiempo desde aquel día… —murmuró Hans, mientras observaba cómo el sol comenzaba a esconderse.
Personajes:
Este es uno de sus puntos fuertes y es que Samuel ha sabido crear unos personajes sólidos y diferentes entre sí. Es cierto que algunos como Tom, que es el amigo gracioso del protagonista, una suerte de Sim o de Ron, no son del todo originales, pero esto se queda en un caso aislado.
Aunque en general son buenos personajes, no lo son todos. Dos de ellos, Aylara e Ian, resultan completamente prescindibles y su presencia, que pretende ser sólida, no pasa del cameo cuando en realidad son dos apoyos del protagonista. Entran tarde a la narración y de mala manera.
Las dinámicas entre el protagonista, Matt, y Hans o Alma (y también entre estos dos últimos), resultan refrescantes y naturales. O bien han sido medidas por el autor o bien tiene un don para ello.
Trama:
Se divide en dos arcos: la búsqueda de Hans y el aprendizaje de Matt.
El aprendizaje de Matt ocupa el grueso de la narración dándole un tono académico que recuerda a los pasajes universitarios de Crónica del asesino de reyes de Patrick Rothfuss o de Crónicas del mago negro de Trudi Canavan. Se centra en la introducción de Matt al elementalismo y sirve para hablarnos de los fundamentos de este sistema mágico. Es una parte bien trabajada y que progresa de una forma natural.
La parte de la búsqueda de Hans abre la narración, pero se desdibuja a lo largo de la novela cambiándole el tono inicial por completo a la novela. Hacia el final, se resuelve de forma apresurada en apenas tres capítulos sin dar mucho tiempo al lector a asimilar lo que está ocurriendo. Aun así, resulta interesante y promete bastante de cara a una segunda parte.
Mundo:
Dejo al margen el elementalismo, porque le dedicaré una entrada. A grandes rasgos nos encontramos con una novela que no ha pasado por un worldbuilding en condiciones. Así que voy a explayarme para desgranarlo lo más posible:
No estamos ante la típica novela ubicada en un medievo europeo, pero tampoco queda demasiado claro intra-novela de cuándo estamos ubicados. Disponemos muy pocos datos para ubicarnos, pero el autor me contestó a este aspecto ubicándola a nivel sociotecnológico con el siglo XVIII o inicios del XIX. Eso sería genial si el autor lo reflejase de alguna manera.
Los finales del siglo XVIII y principios del XIX de nuestra historia están marcados por la Primera Revolución Industrial, algo que no se aprecia en la novela. A nivel tecnológico, al menos lo que se nos muestra, no parece estar muy lejos del medievo.
El mayor problema que encuentro es el caos a nivel de nombres y terminología. A lo largo de la novela encontramos multitud de términos que no deberían aparecer porque pertenecen a nuestro mundo. No hablo de cosas como «patata» o «espada», sino de términos más concretos como «aikido» o «jiujitsu». No siendo este mundo el nuestro, no tiene sentido alguno que aparezcan. El ketan de El nombre del viento recuerda al taichí, pero no se llama «taichí».
El término «esgrima» se puede emplear pues designa las técnicas con espada, lo mismo que lo es la arquería, pero cuando hablamos de disciplinas concretas dentro de los grandes grupos, es cuando empieza el problema. No puedes usar el kendō como una disciplina en la Universidad, pero sí puedes describir la disciplina de tu obra de la misma manera y llamarla distinto. Lo mismo ocurre para palabras como «katana», que quedan fuera de lugar.
Salen pocas criaturas en la novela, tarántulas aparte, tenemos a los leviatanes. Aunque es una criatura bíblica, a estas alturas se emplea para designar a enormes criaturas marinas que aterrorizan a los pueblos costeros. Lo mismo ocurre con términos como «hidra» o «dragón», que se han convertido en una clase de criatura despojada de toda clase de origen. Por eso, cuando entramos a los nombres de los leviatanes, pasé por alto a la hidra, pero no puedo hacer lo mismo con algunos de ellos:
-Liopleurodón: (escrito con «y» en la novela). Es uno de los superdepredadores de los mares del Jurásico Medio y Superior. Su nombre proviene del latín, por tanto, no existiendo el latín en la obra ¿por qué recibe este nombre?
-Megalodón: es una suerte de tiburón gigante que vivió durante el Cenozoico. Su nombre proviene del griego. Es el mismo caso que el anterior.
-Pentecopterus: es una especie de escorpión marino que vivió durante el Ordovícico y cuyo nombre proviene de un navío de guerra griego, el pentecóptero.
-Carcinos: es un cangrejo gigante de la mitología griega que habitaba la laguna de Lerna.
-Ryūjin: (escrito con «ü» en la novela). Es una deidad marina de la mitología japonesa.
-Jörmund: aunque no existe una criatura con ese nombre, sí existe Jörmungandr en la mitología nórdica. Es la también llamada «Serpiente de Midgard» relacionada con el Ragnarök.
Kraken: proviene de la mitología escandinava y se asocia a un pulpo gigante que hunde barcos. No considero que esté tan integrado en nuestra cultura como lo está en leviatán o la hidra.
Y una criatura extra:
-Titanoboa: es una especie extinta de serpiente que vivió durante el Paleoceno. En la novela pertenece a un pueblo ermitaño que habita los bosques, ¿no le habrían dado un nombre en su propio idioma?
Los términos provenientes del latín o el griego que han sido asimilados por nuestro idioma, están bien que estén, como son democracia o geometría, por ejemplo. El problema surge cuando se emplean términos que se salen de este marco.
Los meses reciben el mismo nombre que los nuestros, aunque el año termina en septiembre, de nuevo, es un fallo enorme. En novelas como en las de la saga El segundo ocaso, encontramos nombres nuevos para los meses, pues no pueden poseer el mismo nombre que aquí si no poseen las mismas raíces culturales.
«La verdad os hará libres». Este es el eslogan de la universidad. Proviene de la Biblia, se encuentra en Juan 8:31, creo. De nuevo, bonito, pero errado. Igual es una cuestión personal, pero poner versos de textos reales o bien citas de personajes conocidos de nuestro mundo, me resulta feo si no se les da una vuelta, rollo: «el conocimiento os hará libres».
Crítica por un lado, tiene aspectos interesantes que espero que se exploren algo más en las novelas futuras. Empezando por el braonismo, una religión que parece relevante en la trama, pero de la que no sabemos prácticamente nada; y siguiendo con la lista, tenemos los mares innavegables y las distintas culturas que conviven en la novela y de las que se nos dan unas pinceladas muy pequeñas.
Tests:
Pasa el test de Bechdel por los pelos, pues aunque hay multitud de personajes femeninos, estos apenas interactúan entre sí.
Los tests de la Lámpara sexy y de Ellen-Willis los pasa con bastante holgura.
Cubierta:
El diseño pertenece a Lehanan Aida y representa a Erik, el hermano de Hans y objeto de su búsqueda, usando su elemento fuego.
La única pega que le veo es que es una cubierta para toda la saga en lugar de una individual para cada novela. Que figure «Leyendas y elementos» en lugar de «La ciudad del fuego eterno», afea, a mi parecer, la armonía del conjunto.
Valoración:
Samuel sabe cómo crear personajes que se sientan reales y cubran un gran abanico de personalidades. Por el contrario, hay personajes a los que maltrata, como es el caso de Ian y Aylara cuyos pasados se nos vomita de golpe y porrazo y cuya participación en la novela es prácticamente nula. No se nos muestra cómo son, sino que se nos dice siempre todo sobre ellos sin que podamos verlo. Además, ambos personajes experimentan el fenómeno «drama por el drama», pues su pasado se nos cuenta porque sí, sin que este tenga alguna clase de relevancia presente o futura en la novela.
Las relaciones entre los personajes son orgánicas y el escaso romance que encontramos resulta refrescante por la forma en que es tratado. Sin duda, es una de las grandes sorpresas de la novela.
El worldbuilding es casi inexistente, dando así la sensación de que todo se menciona cuando se necesita y sin saber de dónde sale nada. El uso de terminología de nuestro mundo, como lo antes mencionado en el apartado correspondiente, denota una falta de planificación. Ahora bien, el sistema mágico que se encuentra en la novela y alguna pincelada suelta de historia del mundo, sí parecen haber sido trabajados con más esmero.
La prosa de Samuel es muy sencilla y carece totalmente de artificios, pero tampoco los necesita, pues sabe contar lo que quiere con las palabras que usa.

El ritmo de la novela se enlentece hacia la mitad tras un inicio por todo lo alto, pero repunta antes de cansar al lector dejando un final abierto, pero de los mejores finales abiertos que he encontrado en mucho tiempo.

Es una novela muy disfrutable. Por desgracia, su worldbuilding destroza una puntuación que bien podría haber rozado o alcanzado los cuatro cuervos.

Seguiré de cerca la pista de este autor novel porque puede ser una gran sorpresa futura.

Aquí podréis encontrar al autor y a su obra:
-Web de descarga de la novela.
Twitter del autor.