Autor: Patrick Rothfuss.
Traducción: Gemma Rovira.
Saga: Crónicas del asesino de reyes.
Idioma: Castellano.
Editorial: Debolsillo.
Nº de páginas: 1198.
Precio: 10’95€.
Género: Fantasía.
ISBN: 978-84-9989-961-9.
«Todo hombre sabio teme tres cosas: la tormenta en el mar, la noche sin luna y la ira de un hombre amable».
 
El hombre había desaparecido. El mito no. Músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, trotamundos, héroe y asesino, Kvothe había borrado su rastro. Y ni siquiera ahora que le han encontrado, ni siquiera ahora que las tinieblas invaden los rincones del mundo, está dispuesto a regresar. Pero su historia prosigue, la aventura continúa, y Kvothe seguirá contándola para revelar la verdad tras la leyenda.
Amanecía. En la posada Roca de Guía reinaba el silencio, un silencio triple.
El silencio más obvio era una calma inmensa y resonante, constituida por las cosas que faltaban. Si hubiera habido una tormenta, las gotas de lluvia habrían golpeado y tamborileado en la enredadera de selas de la fachada trasera de la posada. Los truenos habrían murmurado y retumbado y habrían perseguido el silencio calle abajo como hacían las hojas secas del otoño. Si hubiera habido viajeros agitándose dormidos en sus habitaciones, se habrían removido inquietos y habrían ahuyentado el silencio con sus quejidos, como hacían con los sueños deshilachados y medio olvidados. Si hubiera habido música… pero no, claro que no había música. De hecho, no había ninguna de esas cosas, y por eso persistía el silencio.
Personajes:

El Kvothe que conocimos como un Gary Stu de manual en la primera novela, ha pasado a ser un personaje que las pocas victorias que consigue son amargas o traen unas consecuencias que pueden ser mayores que la recompensa. Ya no es el mejor usando la simpatía, pues personajes como Devi le superan en el dominio del Alar, pudiendo sostener varios vínculos más que él.
Lo exótico que resultó que pronunciara el nombre del viento en la primera novela, se convierte en algo poco habitual, pero no tan raro. Y, de nuevo, no es el mejor. Vemos que Fela es capaz de pronunciar el nombre de la piedra y hacer que esta la obedezca, cosa que Kvothe está muy lejos de conseguir.
A lo largo de toda la novela vemos una evolución más creíble del Edena Ruh pelirrojo. Vemos, por fin, que sí es un chico inteligente y lo demuestra en multitud de escenas, sobre todo en Ademre y Vintas. No deja de ser un adolescente que disfruta esparciendo historias que alimentan un ego ya de por sí bastante hinchado. Este «nuevo Kvothe» es más humano, más real.
Por otro lado tenemos a Sim y a Wil. En El nombre del viento compartían voz, pero aquí son distintos. Sim es todo amabilidad y se desvive por ayudar a los que aprecia mientras que Wil es la voz de la razón. Wil es un chico que piensa mucho más las cosas que Kvothe y que Sim. Cuando los tres se juntan, ahora sí, vemos a tres colegas jugando a las cartas mientras hablan de las clases y de mujeres. Mucho más cercano que lo que encontramos en la primera novela.
Denna. En El nombre del viento se nos habla muy poco de ella y se nos forma la imagen de una joven bella que se aprovecha de los hombres, pero poco más. En esta novela se profundiza mucho más en ella y vemos ligeros retazos de lo que podría ser su pasado. Sobre Denna aún hay muchísimos misterios como: ¿es Denna su verdadero nombre o es sólo el que le ha dicho a Kvothe?, ¿la escena del callejón de Vintas significa lo que parece?, ¿por qué parece saber yllico? Estas son las primeras que me han venido a la cabeza al escribir estas líneas, pero hay muchas más.
Los personajes antiguos como Fela, Mola o Devi cobran mayor protagonismo y por fin encuentran su propia voz. En El temor de un hombre sabio no encontramos dos personajes iguales, pueden ser muy parecidos, pero tanto como lo puedan ser dos personas. Esto mismo es aplicable a todos los personajes nuevos que encontramos en su viaje por los Cuatro Rincones de la Civilización.
Trama:
Se puede dividir en cinco partes: La posada, la Universidad, Vintas, Cierto Lugar™ y Ademre.
En primer lugar, tenemos la posada y a nuestro posadero pelirrojo, Kote (o «Desastre», recordando cierta frase de Kilvin en El nombre del viento donde aparecía la palabra Kote) que cada día narra las vivencias de juventud cuando se hacía llamar Kvothe. Aunque vamos descubriendo cosas sobre él, seguimos sin saber realmente nada por seguro.
La parte de la Universidad nos descubre nuevos aspectos de este y sirve para introducir de una forma más sólida a Elodin y a la Nominación. Además, contiene una escena al estilo Ocean’s eleven que es bastante curiosa.
Vintas nos muestra a un personaje que nos permite delimitar un poco la ascendencia de Kvothe, pero no se nos dice, sino que se nos dan las piezas y nosotros debemos montar el puzle. El viaje a Vintas sirve para ahondar en la capacidad de adaptación de Kvothe y para desarrollar su inteligencia, esa que tanto nos vendían como prodigiosa en la primera novela.
No voy a mencionar ese Cierto Lugar™, pero resulta interesante y a la vez decepcionante por la forma en que se lleva.
Y, por último, tenemos Ademre y sus adem, donde Kvothe recibe la cura de humildad que tanto le hacía mucha falta a estas alturas. Por fin aprende a callar y a agachar la cabeza cuando debe, porque no siempre puede uno imponer su voz.
Mundo:
Este apartado es de lo mejor de la novela. No quiero entrar en mucho detalle, pero sí voy a señalar lo que más me ha gustado.
Vintas: A grandes rasgos resulta similar a la Mancomunidad, pero su gran diferencia radica en la nobleza. El sistema de anillos que Rothfuss nos pone sobre la mesa resulta algo nuevo e interesante.
La nobleza de Vintas usa anillos de diferentes materiales para presentarse entre ellos mostrando así su estatus. Los materiales van desde el hierro hasta el oro. También hay otros como el hueso y la madera que tienen significados especiales, pero son poco comunes.
Cierto Lugar™: Es un mundo en apariencia caótico donde el tiempo discurre de forma distinta al del mundo de Kvothe. Allí las leyes de la física no se aplican como aquí, pues puedes acariciar la luz o tejer las sombras. Los días y las noches no parecen seguir un patrón lógico y los árboles* hablan.
*Sí, sé que es más que un árbol, pero spoilers y tal.
Ademre: Un país en el que las mujeres juegan un papel importante en la sociedad. Basan buena parte de su prosperidad en un sistema de mercenariado, es decir, viven de trabajar para otros. Los mercenarios adem se forman en escuelas en las que sólo se les permite a las mujeres enseñar, por lo que estas son el pilar que sostiene su sociedad a nivel económico.
Me resultó curioso que los adem valorasen lo que dicen y dependieran tanto del lenguaje corporal.  Por eso mismo ellos valoran a los que cantan como en el resto de países valoran a los que ejercen la prostitución.
Y otro aspecto interesante lo encontramos en la normalización de las relaciones sexuales y de su concepción como algo natural inherente a la vida.
Tests:
 
Patrick Rothfuss lo hace ligeramente mejor que en El nombre del viento, pero también mete la pata en cosas en las que no lo hacía en la primera novela. Una cal y otra de arena. Por ejemplo, nos aclara por qué no hay mujeres maestras en la Universidad. La proporción entre hombres y mujeres está en una mujer por cada cien hombres. Además, se nos deja bastante más claro que sí existe un machismo no diluido como daba la impresión en la primera novela.
El test de Bechdel vuelve a pasarlo raspado a pesar de casi duplicar la presencia femenina en la novela con respecto a la primera parte de la saga. Salvo por un personaje concreto, todo los demás poseen un nombre y al menos una frase de más de siete palabras. La que no posee nombre es porque no lo necesita, pues es de esos personajes NPC que sólo están ahí para cumplir una función, como un tendero o un posadero. Pero la conversación que pasa el test de Bechdel es la siguiente entre Devi y Fela (sin acotaciones):
Devi: ¡La pequeña Fela!. ¡Cuánto has crecido! ¡Madre mía, si pareces una prostituta modegana de lujo! Le vas a encantar.
Fela: Es agradable tener una excusa para arreglarse de vez en cuando.
Devi: Deberías arreglarte más a menudo. Y para hombres mejores que Spoiler.
Fela: He tenido mucho trabajo. Y he perdido la costumbre de acicalarme. Me llevó una hora recordar cómo hacerme el recogido. ¿Algún consejo?
Devi: Estás mucho mejor de lo que él se merece. Pero no llevas ningún adorno. ¿Por qué no te pones ninguna joya?
Fela: Los anillos me estorbarían con los guantes. Y no tenía nada lo bastante bonito que pegara con el vestido.
Devi: Pues toma.
(…)
Devi: Y te quedan mejor a ti, claro. Madre mía, Fela. Si yo tuviera unas tetas como las tuyas, ya sería dueña de medio mundo.
(…)
Devi: Así no se te echará encima al menos durante media hora más. Empieza conservadora, y luego, hacia el final de la cena, exhíbelas un poco. Inclínate. Usa los hombros. Si él va viendo cada vez más, creerá que va por buen camino. Así no tendrá tanta prisa por meterte mano.
Aunque hay un hombre de fondo, la conversación no se centra en él, sino en el aspecto de Fela de cara a la cita y en las indicaciones sobre cómo actuar. La conversación tiene tela. A esto me refiero con que no siempre mejora todo lo anterior.
 Rothfuss cae en un tropo manido en la forma de tratar a un personaje tan interesante como Felurian. Queda reducida a poco más que el tropo de «la demonio seductora» que, para más inri, sólo aparece en la trama para convertir a Kvothe en una especie de dios del sexo y engrandecer su leyenda.
El autor sigue cayendo en cosas como la conversación siguiente entre Kvothe y Vashet al notar ella que él estaba «alegre»:
Vashet: Vaya, vaya. Creo que lo interpretaré como un cumplido y no como una extraña técnica de ataque nueva.
(…)
Vashet: ¿Quieres ocuparte tú solo? ¿O prefieres hacerlo en compañía?
Kvothe: ¿Cómo dices?
Vashet: Venga, hombre. Aunque pudieras dejar de pensar en eso, sin duda te haría perder el equilibrio. Tienes que solucionarlo antes de continuar la clase. Puedes ocuparte tú solo, o podemos buscar un sitio donde el suelo esté blando y ver quién gana de los tres.
La conversación sigue, pero la idea está ahí. Esa escena me resulta fuera de tono. En una sociedad como la de Ademre no veo problema alguno con que alumno y maestra tengan sexo, pero el problema es que esa conversación, tal y como está planteada, rezuma la sensación de que un hombre no es capaz de concentrarse cuando tiene una erección y que es tarea de la maestra solucionarlo. Sí, le pone en la bandeja las dos opciones, pero que le ponga la idea de que lo resuelvan «los tres» ya habla de su implicación, pudiendo haberlo dejado en: «tienes diez minutos para resolverlo», o algo parecido. Me pareció una escena intrascendente mal metida. Entiendo que la intención es la de mostrar la concepción del sexo en Adem, pero no creo que sea la forma correcta.
Esto nos lleva a otro momento en Adem. Penthe le habla a Kvothe sobre el concepto de «ira» diciendo que es algo que las mujeres le quitan a los hombres cuando tienen sexo y aduce que si los hombres acumulan mucha se vuelven malos. Como yo lo veo, si los hombres no tienen sexo se vuelven mezquinos y es quizá el deber de la mujer de «quitarle esa ira» para que siga siendo un hombre bueno. A ver, ¿no suena un poco a abuso sexual o soy sólo yo? Es decir, suena a «o tenemos sexo o me voy a enfadar».
Sea como fuere, el fondo de la idea está bien, pero la forma de tratarlo no. Era una gran oportunidad de alejarse de la heteronormatividad en lugar de centrarlo en que «las mujeres le quitan la ira a los hombres». Y por otro lado está el tema de que se supedita a la mujer al hombre en el sexo.
Cubierta:
Al igual que la anterior, me gusta en contraste entre las letras de plata y las hojas cobrizas, pero sigo sin saber si pertenece o no a esta obra. Podrías ponerla en Al filo de las sombras de Brent Weeks y casaría mejor.
Además, hay otro aspecto. El supuesto Kvothe es un plagio-adaptación de esta figura de Darth Maul de Star Wars:
No se han preocupado demasiado en disimularlo.
Valoración:
Patrick Rothfuss ha sabido paliar la mayoría de los puntos flacos que critiqué en la reseña de El nombre del viento. Seguramente haya atendido a esas críticas que vieron más allá de la novedad y el hype del momento y le señalaron sus fallos.
Esta novela vuelve a gozar de la prosa fina del autor a la que ha sabido sacar mucho mejor provecho y no sólo en las partes de Kote, sino también en las de Kvothe.
La lectura es más fluida y da la sensación de avance en contraposición con la tediosa linealidad que encontrábamos en la anterior novela, donde prácticamente no pasaba nada y poco se diferenciaba de un diario de estudiante en el que Rothfuss hablaba de sus tiempos de instituto.
El info-dumping tan terrible que lastraba el primer volumen de la saga pasa a ser una dosificación bien hilada de un worldbuilding bastante completo e interesante. Cada dato responde a las exigencias de la trama y no la devora. Las dos historias del folclore (ocupando sus respectivos capítulos) que se cuentan sirven a un propósito claro y permiten la interacción de los personajes que la escuchan, haciéndola sentir más orgánica.
Pero la representación de la mujer sigue siendo la gran asignatura pendiente de Rothfuss. No parece comprender en qué falla y arrastra el mismo error durante dos novelas seguidas de una forma que hace pensar que el problema no está tanto en que Kvothe sea machista (porque lo es) como que el autor, quizá sin ser consciente de ello, impregne la obra de lo que la impregna.
¿Lo solucionará algún día? Quizá la respuesta se encuentre tras las puertas de piedra.

Sigue sin ser la obra maestra de la novela fantástica que llevo años oyendo. Si la curva de progreso se mantiene y soluciona su asignatura pendiente, Las puertas de piedra puede ser una gran novela el año que salga. «El año que salga».